El Imperio contraataca

Ya hace dos años desde que estallara el conflicto armado entre Ucrania y Rusia. Puede que crean que la situación está estabilizada. Los medios de comunicación han dejado de lado las informaciones sobre este tema, están muy ocupados con el problema de los refugiados, la amenaza terrorista islámica y la guerra en Siria. Pero ¿qué ocurre en el este de Europa?

La tensión ha disminuído, pero aún “existe un peligro de que haya una guerra entre Rusia y Ucrania”, según Yuri Diudin, embajador ucraniano en Argentina. Las fuerzas rusas han hecho una gran inversión y están preparadas para la guerra.

El 5 de septiembre de 2014 se firmó el acuerdo de Minsk entre Ucrania, Rusia, la República Popular de Donetsk y la República Popular de Lugansk. Ante el fracaso, el 12 de febrero de 2015 se firmó un nuevo pacto. Desde entonces, tanto Kiev como las potencias occidentales han denunciado la falta de cumplimiento por parte de Moscú.

Entre otras acusaciones, están la de no retirar las tropas de Ucrania y no llevar a cabo el alto el fuego. Además, el gobierno de Vladimir Putin continúa con su política intervencionista en los territorios orientales de Ucrania.

Las partes en conflicto están separadas por una estrecha franja de seguridad. La frontera está custodiada sólo por Rusia. Según informa El País, en las últimas semanas se han intensificado los tiroteos en la zona.

Los territorios controlados por los prorrusos se están integrando poco a poco en Moscú y el rublo ha sustituído a la grivna (moneda ucraniana) y los productos rusos a los locales. Las consecuencias de todo esto han sido la imposición de sanciones económicas sobre Moscú.

Pero ¿por qué se está permitiendo a Rusia que se salga con la suya? La respuesta tiene nombre propio: Vladimir Putin. El presidente ruso lidera por tercer año consecutivo el ranking de la revista Forbes que elige a los más poderosos del planeta. Esto se debe a que es “uno de los pocos hombres en el mundo suficientemente poderoso para hacer lo que quiera y salirse con la suya”.

El que le dejen hacer y deshacer a su antojo seguramente tenga que ver con el miedo a romper el tenso hilo que se creó durante la Guerra Fría. Tampoco hay que olvidar los intereses económicos, grandes motores del mundo: una gran empresa petroquímica que recientemene ha recibido un préstamo estatal cuenta entre sus accionistas con el yerno del presidente ruso, que dicen es dueño de grandes reservas de petróleo, como las que iban a bordo del Prestige.

Tampoco debe ser casual que Gazprom, el gigante nacional del gas, a pesar de ser aliado de Putin haya recibido sanciones menos duras de EEUU. Los americanos renovaron el permiso para importar gas a Canadá y México, desde su filial en Houston, EEUU, por supuesto.

No menos importantes son las amistades de Putin, ubicadas en los principales sectores del país: Arkady y Boris Rotemberg con filiales de Gazprom; Gennady Timchenko al frente de Gunvor, el otro gigante energético; Yuri Kovalchuk, accionista mayoritario de Rossiya Bank o Vladimir Yakunin, que gestiona los ferrocarriles rusos.

Mientras, en el parlamento ucraniano, se vive una crisis política que deja al descubierto un sistema corrupto que intenta justificar sus acciones y sus dos años de promesas vacías. No sólo a esta oligarquia o a Rusia se debe culpar de la ruina del país eslavo. Occidente tampoco está libre de culpas por hacer la vista gorda mientras no le salpique demasiado.

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Desde abajo hasta prisión

Durante todo el fin de semana hemos oído hablar a todas horas de los ya famosos “titiriteros de Madrid”, la compañía Títeres desde Abajo que actuó en los carnavales de la capital.

Pero hay muchas cosas que me chocan y/o sorprenden en esta historia. Yo dividiría el problema en dos partes bien diferenciadas, como son si el espectáculo era infantil o no por un lado, y la acusación de enaltecimiento del terrorismo por otro.

  • La gente oye o lee la palabra “titiriteros” y automáticamente lo asocia a niños, cuando esto no es necesariamente así. Hoy en día, hay películas animadas para adultos y, de igual manera, existen espectáculos de marionetas dirigidos a un público no infantil.
  • Otra cosa es si esto se advirtió debidamente o no por las personas a quienes correspondiese esta tarea. Los abogados de los detenidos alegan que antes de que empezase la obra se advirtió a los padres del contenido violento de esta “por si entendían era inadecuado para sus hijos”. Esta cuestión debe estudiarse y depurar responsabilidades. Claro que también está en los padres informarse de qué va a enseñar a los niños y valorar si lo consideramos apropiado para ellos o no, ya que cada cual es libre de inculcar a sus hijos las ideas que considere oportunas.
  • Existe una variedad de guiñoles conocida como “títeres de cachiporra“. Este nombre proviene de la cachiporra que esgrime el protagonista de las historias, que se caracterizan por tener como desenlace una buena paliza (violencia compartida con el género del títere en general). Esto no es algo nuevo, existe desde la Edad Media y Federico García Lorca lo recuperó en “Los títeres de cachiporra”.

Llegamos al peliagudo tema del terrorismo versus la libertad de expresión.

  • La aparición de una pancarta con “gora alka- eta”, que podemos traducir como “viva Al Qaeda- Eta”. Habría que estudiar si en la obra se defiende esta actitud o se limitan a exponer una situación. Porque el hecho de que la simple aparición de dicha frase suponga un delito de enaltecimiento del terrorismo supondría revisar varias cintas y escritos que hablan de la organización vasca, como “el Lobo” o “GAL”, por poner dos ejemplos.
  • Según un comunicado, el contexto en el que aparece la pancarta es el siguiente: un policía golpea a la bruja hasta dejarla inconsciente, y entonces coloca sobre ella el susodicho cartel para poder acusarla ante la Ley. La representación trataba de ilustrar un montaje policial. Algo que, a la vista de los acontecimientos, resulta paradójico.
  • Como curioso también es el rasero que tenemos para medir la libertad de expresión. Esta es mayor cuanto más lejano a nosotros se encuentre el problema, parece ser. A la cabeza me vienen las manifestaciones masivas con carteles que rezaban “Je suis Charlie”, cómo defendíamos la libertad para que la revista publicase viñetas satíricas sobre el Islam.

Pero nuestra memoria es corta. Porque también recuerdo un programa infantil llamado “la bola de cristal”en el que unos personajes llamados electroduendes protagonizaron variadas críticas al gobierno, el terrorismo, el capitalismo… claro que por entonces España estaba eufórica con la recién estrenada libertad, y enseñar al pueblo a pensar por sí mismo era toda una novedad que todos querían experimentar.

Dos cosas tengo claras ahora mismo: una es que sale más rentable abusar de tus alumnos y confesar tu culpabilidad con gran arrepentimiento, o defraudar millones y estafar a la gente (en lugar de ir directo a la cárcel tendrás tiempo de disfrutar de tu libertad y de lo robado mientras pasas por las diferentes fases de imputado- acusado- procesado-etc)

Y la otra, es que en esta vida hay que cuestionarse todo lo que te cuentan, venga del lado que venga, antes de formarte una opinión propia del asunto.