Una voz llamada Libertad

Tengo una voz en mi interior que lucha por salir.

Desde que nacemos nos vemos rodeados de moldeadores de conciencias. Diversas fuentes de
autoridad tratan de regular nuestros comportamientos, enseñándonos el camino recto, el que
debemos elegir, pero que no deja de ser su camino, no el nuestro.

Mi vocecita me grita que pise las lindes de ese camino, que explore el bosque y los alrededores, aunque esto conlleve dar más rodeo o tener que saltar troncos caídos; a fin de cuentas, los troncos caídos pueden rodar hasta bloquear el paso. Si escucho detenidamente esta voz, no es tan salvaje como me han hecho creer: discurre y argumenta, me pregunta quién ha imbuido de tanta autoridad a quienes pretenden decirme por dónde ir, y cuándo me he vuelto tan insignificante como para no ser capaz de dirigir mis propios pasos.

El otro día fue ella quien se reflejó en el espejo en el que me miraba. Tenía la cara llena de
barro, hojas secas prendidas en el pelo enmarañado y sus ojos me miraban con el brillo de un
loco, con el de quien se cree libre.